"Fui servidor del Altar cuando recién conocí a Jesús y debo decir que es uno de los apostolados que más me encantó"

Padre RAPHAEL OUKATE KPANDJA,

SACERDOTE MISIONERO DEL VERBO DIVINO

  El Padre Raphael Oukate  Kpandja, sacerdote de la congregación del Verbo Divino, es originario de la ciudad de Bassar, ubicada al norte de Togo, actualmente se encuentra ejerciendo su ministerio en la Arquidiócesis de Puerto Montt, pero tuvo un importante paso por nuestra diócesis, siendo párroco de la comunidad de Puerto Domínguez.

 

¿Cómo fue su camino de fe hasta que ingresa a la Congregación del Verbo Divino?

 

Hasta mi ingreso a la Congregación del Verbo Divino, tuve un camino de fe muy corto, pero muy intenso. En primer lugar quisiera mencionar que no nací católico y por lo tanto no tuve la gracia del bautismo a una edad temprana.  Toda mi familia y yo éramos adeptos y practicantes de una de las religiones tradicionales africanas, llamada el Animismo. Conocí a Cristo a los 15 años y mi bautismo  fue a los 18 años.  Mi profesor de física de la enseñanza media, un gran católico practicante fue la estrella que me indicó a Cristo y me invitó a conocer su religión. Después de dudas, muchas preguntas y miedos, y por insistencia de mi profesor decidí probar esa religión, más que nada para complacerlo  a él. Así es que fui un par de veces a Misa, sin saber nada de esa religión y de la Eucaristía. Lo que pensé que había sido para complacer a mi profesor se volvió algo gozoso y gustoso para mí. El mismo profesor me ayudó a inscribirme en la catequesis para prepararme a los sacramentos de la iniciación cristiana. Durante tres años viví el catecumenado culminándolo con mi bautismo y la Primera comunión en la misma noche de Vigilia Pascual, el 14 de abril 1990. Un año más de catequesis me permitió recibir el sacramento de la confirmación el 26 de mayo 1991. Desde allí mi camino de la fe ha sido una fiel y activa participación en la vida parroquial en distintos grupos: servidores del altar (el que más me gustaba), lectores, grupo juvenil, Legión de María y más tarde el grupo vocacional. Después del bautismo y ya recibiendo la comunión, era de Misa diaria, siendo la adoración al Santísimo sacramento y el rezo del Rosario parte de mis devociones durante la semana. Pude vivir muchos retiros espirituales dados en un “Foyer de Charité” (centro de retiros) perteneciente a las Hermanas de la Caridad de Marthe Robin (Religiosa Francesa). Además participé en jornadas y retiros vocacionales organizados tanto por los misioneros del Verbo Divino como los diocesanos. Cabe mencionar que todo esto me lo pagaba el entonces Párroco de mi parroquia, un sacerdote alemán. Finalmente decidí entrar a la Congregación del Verbo Divino el día 1 de Octubre 1994, en la fiesta de Santa Teresa de Lisieux. Recuerdo que el no entrar al seminario Diocesano no le gustó para nada a mi obispo. Él quería jóvenes de mi pueblo y de mi parroquia al seminario diocesano, pues mi pueblo no era muy cristiano y su parroquia en aquel entonces tenía 75 años de existencia y tenía un solo sacerdote autóctono y era de la Congregación del Verbo Divino. El obispo quería sí o sí un sacerdote diocesano que viniera de mi parroquia.

 

¿Qué nos puede contar acerca de su congregación?

 

Los Misioneros del Verbo Divino, también conocidos como SVD, en latín: Societas Verbi Divini, son una congregación religiosa católica con aproximadamente 8102 miembros trabajando en 71 países del mundo. Los miembros generalmente viven en una comunidad multicultural reflejando la riqueza y diversidad étnica. La Congregación del Verbo Divino fue fundada el 8 de septiembre de 1875. En el día de la fiesta de la Natividad de la Virgen María en el pueblo de Steyl, Holanda. El fundador fue San Arnoldo Janssen. Su religiosidad lo empujó a comenzar esta iniciativa cuando escuchaba el clamor de tantas almas sin pastor y por eso buscaba responder con lo único que le parecía necesario: el anuncio del Evangelio. El objetivo de San Arnoldo Janssen con su fundación era hacer participar a los católicos de habla alemana en la obra misionera de la Iglesia católica. Durante la vida del fundador los Misioneros del Verbo Divino trabajaban ya en China, Togo, Brasil, Nueva Guinea, Argentina, Estados Unidos, Japón y Chile.

Los Misioneros del Verbo Divino cumplimos hace pocos días 117 años de presencia en esta hermosa y fértil tierra chilena. (Llegamos a Chile el 11 de mayo 1900) Ha sido una historia de constantes cambios pero también de sinceros compromisos. Trabajamos en varias diócesis de Chile: Por ejemplo en la diócesis de Iquique, de Illapel, de Rancagua, de Chillán, de Los Ángeles, de Villarrica, de Osorno y en las arquidiócesis de Santiago y de Puerto Montt. Tenemos también una presencia en el obispado Castrense. Estamos comprometidos con el apostolado parroquial, educacional, pastoral Mapuche, Fundaciones de obras sociales y apostolados específicos. Somos 71 miembros en Chile, de 18 nacionalidades, y de los cuales hay un hermano, 3 obispos y los otros son sacerdotes. Nuestro carisma es la primera evangelización, es decir, proclamar el evangelio de Cristo en lugares donde no se conoce a Cristo todavía.

 

¿Cómo fue paso por la diócesis de Villarrica y qué importancia tiene para usted la

comunidad parroquial de Puerto Domínguez?

 

Mi paso por la Diócesis de Villarrica ha sido una experiencia enriquecedora y de crecimiento como sacerdote y como persona. Es una Diócesis en la que la Congregación entrega sus servicios misioneros hace años ya y en la que pude trabajar sin ningún tipo de problema con el Obispo Francisco Javier Stegmeier, a quien aprendí a conocer y a admirar como buen obispo sin duda, preocupado por los feligreses sin distinción, por los sacerdotes, incansable, velando por la buena marcha y por el bien de la diócesis.

Una de las figuras de la organización eclesiástica más conocida es la parroquia. Por parroquia se suele entender la división organizativa inferior a la diócesis, y subordinada al Obispo diocesano. Siempre he dicho que Puerto Domínguez es mi “cuna” sacerdotal, en el sentido de que en Puerto Domínguez aprendí a ser sacerdote y a ser párroco. Me ordené como sacerdote el 5 de febrero 2005 y el 17 de junio inicié mi ministerio sacerdotal en Puerto Domínguez como vicario. Después de unos años de estudio volví a Puerto Domínguez esta vez para asumir como párroco de Nuestra Señora del Pilar en marzo 2012. Entonces en Puerto Domínguez tuve mi primera experiencia tanto como sacerdote  y como párroco. La experiencia ha sido muy gratificante, trabajando en medio de los hermanos Mapuches. Conocí a una feligresía dispuesta a cooperar con su sacerdote, agentes pastorales dinámicos, comprometidos, aunque otros no tanto. Fue una parroquia muy dinámica con mucho movimiento en las comunidades rurales que eran 17. Pude abrir mente y manos para recibir de la riqueza de la gente del pueblo, así aprendiendo mucho de ella. En Puerto Domínguez aprendí y crecí en el amor a Dios y al prójimo, aceptando las diferencias de todo tipo. Como dije anteriormente, fue una experiencia muy gratificante donde pude sentirme verdaderamente un sacerdote pastor gracias a la ayuda, el apoyo y la colaboración de la gente tanto de la sede parroquial como de las comunidades rurales. Se comprenderá que la Diócesis de Villarrica en general y Puerto Domínguez en particular se han ganado un lugar preponderante en mi ministerio sacerdotal. Debo ser honesto y reconocer que hubo también momentos oscuros, de pena, de dolor, de tensión en el ejercicio de mi ministerio en Puerto Domínguez. Pero todo sea para Gloria de Dios. El Canon 515 § 1 nos enseña que “la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio”. Aprovecho la instancia para agradecer a mi Congregación por la oportunidad, al Obispo Francisco Javier por su confianza, apoyo y consideración a mi persona; agradezco a la gente por la acogida, el cariño, el apoyo, la historia, el sacrificio y el esfuerzo. Por último quisiera mencionar que volvería a trabajar en Puerto Domínguez con mucho gusto.

 

¿Qué tan importantes son para usted en su ministerio sacerdotal los servidores del Altar?

 

Los monaguillos, cuyo oficio es ayudar al diácono cuidando del servicio en el Altar y ayudando al Presbítero durante las celebraciones litúrgicas, especialmente la Misa, se llaman también servidores del altar. Son los colaboradores inmediatos de los ministros ordenados en las celebraciones litúrgicas. Desde su servicio o su lugar físico en la iglesia recobran una importancia particular en la vida de la parroquia. Su comportamiento dentro y fuera del templo tiene que reflejar esto. Las funciones que los monaguillos pueden desempeñar son: Atender al servicio del altar, ayudar al obispo, al sacerdote y al diácono, prestar su servicio en las diversas procesiones, por ejemplo con la cruz, los cirios, el incienso o el Misal, atender en el ofertorio a la recogida de los dones etc.. Aprovecho para mencionar que fui monaguillo cuando recién conocí a Jesús y debo decir que es uno de los apostolados que más me encantó.

 

Desde su llegada a Chile, ¿Cuáles han sido las labores más importantes que le ha tocado vivir?

 

Desde mi llegada en Chile entre los años 2005 y 2008 me desempeñé como vicario en la parroquia Nuestra Señora del Pilar en Puerto Domínguez, más tarde ocupé la misma función en la parroquia “El Espíritu Santo” en Santiago entre 2008 y 2012, además de ser encargado Pastoral del Colegio Espíritu Santo del Verbo Divino y capellán Colegio Compañía de María Seminario, además realicé estudios de acompañamiento Psico-Espiritual en la Universidad Alberto Hurtado. Luego volví a la diócesis de Villarrica, ahora como párroco en Puerto Domínguez desde el año 2012, para luego en 2014 dejar la parroquia “Nuestra Señora del Pilar” para pasar a ser Coordinador de la Fundación Hogares de Menores Verbo Divino en Chile con Sede en Puerto Varas y además el primer semestre del año pasado dicté el taller de Misionología en el Seminario Mayor “San Fidel” de Villarrica.

 

A grandes rasgos, ¿Cómo ha sido el desarrollo de su vida misionera?,

¿Cuáles han sido sus mayores obstáculos en este camino?

 

Mi vida misionera ha sido un constante encuentro de personas, culturas, pueblos y acontecimientos. Desde mi pobreza pude entregar lo que todo misionero o mejor dicho, todo cristiano debe entregar que es Cristo y su Evangelio de vida, rostro amoroso y misericordioso de Dios Padre. El aprendizaje ha sido parte de este proceso. He recibido mucho de la gente, aprendiendo a valorar cada uno de ellos, su cultura, su religión, y a aceptar y respetar su forma de ser y de pensar. Pensé llevar a Cristo a la gente, pero al final terminé recibiendo a Cristo de la gente. Chile es un país que ha protagonizado un desarrollo ostensorio estos últimos años. Junto a eso se ve una tendencia al secularismo en muchas personas y familias. Eso es un tremendo obstáculo en el desarrollo de la labor misionera y evangelizadora. Dentro de esta experiencia misionera, tuve la gracia de vivir una segunda conversión, la definitiva, en donde pude hacer una experiencia personal y profunda de Cristo, un verdadero encuentro de Cristo y desde allí la vida cambia. Mi actitud es una de agradecimiento a Cristo por haberse dignado considerar mi pequeñez, mi poca importancia para la tarea misionera de la Iglesia.

 

¿Qué mensaje les dejaría a todos los jóvenes que sienten en el llamado al sacerdocio o a la vida consagrada pero que sienten temor al llamado de Jesucristo?

 

A todos los jóvenes que sienten el llamado al sacerdocio o a la vida consagrada pero que sienten temor al llamado de Jesucristo, sólo les diría que se atrevan a ser diferentes en una sociedad donde todo parece dar igual; que cuando Cristo llama, da también las herramientas para que uno lo siga, da su gracia. Que no tengan miedo, que se dejen mirar por Cristo porque los ama y su mirada es una mirada de amor. Que no se sientan acomplejados, o avergonzados porque “El Maestro está aquí y los llama” como dice en Juan 11 versículo 28b. Que tengan a María como Madre y modelo que lleva a su Hijo.

 

 Para finalizar, le pedimos que envíe un mensaje para animar la participación de la II Jornada de Preparación

para la Misión de los Servidores del Altar el 20 de mayo, de la cual usted será parte.

 

Invito a los servidores del altar y sus padres de todas las parroquias de la Diócesis a animarse y a responder masivamente a la jornada diocesana de los Servidores del altar. Se compartirá con otros jóvenes, se jugará, se cantará, se rezará y se llenará de una experiencia inolvidable. Dicen en Chile que “quien no se atreve no cruza el río”. Atrévete joven y encontrarás la felicidad que nunca has tenido. Te esperamos.

DIOS LES BENDIGA

(El padre Raphael junto al templo parroquial de Bassar, donde fue bautizado, confirmado y ordenado sacerdote)

(P. Raphael junto a Biblia traducida al Bassar, el idioma de su pueblo)

 

 

Comisión Diocesana - Servidores del Altar - Diócesis de Villarrica

E-mail: servidoresdiocesisdevillarrica@gmail.com Fono: +56988588541