jóvenes servidoras del Altar de Loncoche y Lanco

Gabriella Morales Pailla &

Tania San Martin Rojas.

 

En esta ocasión les presentamos las entrevistas realizadas por nuestro departamento de comunicaciones a Gabriella Morales Pailla (15) & Tania San Martin Rojas (19), servidoras del altar de Loncoche y Lanco respectivamente.

 

GABRIELLA MORALES PAILLA

 

¿Cuál es el motivo por el cual decidiste ingresar a los servidores del altar?

¿Qué te motiva a seguir siéndolo?

 

Ingrese porque me gustan los temas religiosos; cuando quise ser parte del taller de pastoral de mi colegio me dijeron que no se realizaría debido a que no habían suficientes personas para realizarlo, y se me ocurrió preguntar como entrar al grupo, lo que más me motiva a seguir es que podemos compartir y conocer gente, además siempre estamos en movimiento, no solo en nuestras parroquias, sino que también todos juntos.

 

¿Qué tal tu experiencia como voluntaria papal? ¿Qué anécdota  nos puedes contar acerca de ello?

 

Unas de las mejores experiencias que he tenido, porque a poco tiempo de haberme integrado a un grupo ya estaba viviendo algo mucho más grande; una de las anécdotas es que yo me preocupé de tomar muchas fotos y captar muchos videos y justo antes de que llegara el papa prepare la cámara y se me termino la memoria, asi que no pude grabar nada desde ese punto en adelante.

 

¿Qué ha significado para ti, luego de un año se te haya pedido que te integres a la coordinación en Loncoche? ¿Cómo has afrontado esa nueva misión en tu vida personal?

 

Es emocionante, pero también es un desafío y tengo que hacer lo mas que pueda para que salga todo bien.

 

¿Cómo  ha cambiado tu vida siendo servidora del altar?

 

Ha cambiado mucho, sobre todo porque antes no asistía mucho a misa y ahora voy siempre, además de que ahora no solo puedo participar de la misa un día jueves, sábado o domingo, también lo puedo hacer dentro de mi colegio y así espero poder incentivar a que más chico quiera ser servidores del altar.

 

TANIA SAN MARTIN ROJAS

 

¿Cuál fue el motivo por el cual decidiste ingresar a los servidores del altar?

 

Para empezar, decir que siempre he sido cercana a la iglesia, pero nunca me había interiorizado tanto en el tema como para ser servidora del altar; me bauticé a los 6 años, hice mi primera comunión, y cuando iba a misa siempre me llamaban la atención aquellos niños y jóvenes vestidos de blanco que se sentaban junto al Padre, tenía curiosidad por saber que hacían, se veían a gusto cumpliendo con su servicio. Un día  mi madre y mi hermana fueron a misa y llegaron con una invitación para ser servidores del altar, servidores del señor. En ese entonces tenía 13 años y acepté sin titubear, sentía que algo me atraía hacia ellos.

 

¿Qué te motiva a seguir siéndolo?

 

Lo que me motiva a seguir sirviendo en el altar, es el lazo familiar que creé con las personas que integramos el grupo, porque gracias a Dios pertenecemos a esta familia, él es el que nos une, nuestro pilar, estamos ahí, para servirle de una manera distinta. Muchas veces decaemos o queremos renunciar por cosas absurdas; las experiencias vividas como grupo, las risas, las convivencias, las reuniones, las campañas solidarias, actividades benéficas, etc

 

¿Cómo te sentiste al colaborar en la organización del XIII Encuentro Diocesano?

 

 Me sentí a gusto, ver como todos aportaban un granito de arena para que todo salga bien, los padres ayudando con manualidades, el equipo de dinámicas, etc. Es una actividad que requiere mucho trabajo de parte de los organizadores, pero es una linda actividad, que te permite conocer a personas de toda la diócesis y mantener unida a la familia.

 

¿Cómo fue la experiencia de lograr el permiso de tus superiores para poder servir en el altar?

 

Desde que llegué a la escuela lo primero a lo que me acerqué fue a la capilla; ya que un día que estábamos formados y solicitaron a aspirantes de primer año que quisieran organizar una misa y participar de ella cantando en el coro litúrgico. Ahí comenzó todo, conocí a mi capellán y a los aspirantes más antiguos que formaban parte del coro y que desempeñaban distintas funciones en la capilla, y por esas casualidades de la vida se filtró que yo era acólita en mi iglesia; al principio acolitaban solo masculinos, pero de a poquito me fui metiendo en el tema, ayudando a ordenar el altar y mostrando interés en  participar, hasta que un día un aspirante de tercer año le pidió a mi capellán que me autorizara a acolitar, y desde aquel momento,  inicia mi labor como acólita y encargada de Misa y sacristía. Esto ayuda a sentirme como en casa, ya que aquí estoy realizando todas las cosas que me gustan.

 

¿Cómo complementas tu formación en la Escuela de Oficiales de Carabineros de Chile con  el

servicio en el altar?

 

Dos a tres días a la semana asisto a la capilla, ya sea por reuniones de acólitos, pastoral, coro litúrgico o misa, esto  sirve para distraerme y salir de la rutina  y presión de la escuela y tener un momento para reencontrarme conmigo misma, poder conversar con mis aspirantes más antiguos,  hacer dinámicas y hacer las infaltables convivencias.

Ahora que estas distanciada de tu grupo en Lanco ¿Cómo los recuerdas?

 

  Son "mis cabritos", porque soy la más grande del grupo, pero eso no se notaba, extraño a mis chicos rebeldes, reírme, las fotos en cada momento, pero no me siento distanciada de ellos, y el estar cumpliendo esta labor acá nos mantiene unidos.

¿Qué anécdotas te recuerdan a ellos?

 

Cuando en los momentos de reunión, lo que más hacíamos era sacarnos fotos; también un del verano hicimos un paseo antes de que viajara a Santiago, recuerdo que el camping tenia piscina, Camilo y Panchito me tomaron y me tiraron a la piscina, como si fuera cualquier cosa jajaja, también  los buenos momentos vividos en encuentros y jornadas a las que asistí  en donde el grupo de Lanco era el más revoltoso  y prendido, al igual que las personas lindas que conocí.

 

¿Mantienes un contacto con ellos?

 

 Por su puesto que sigo en contacto con ellos, son mis amigos y la distancia no cambiará nada, por demás mi hermanita forma parte del grupo, y el lazo de confianza  que existe entre los padres y nosotros permitirá que siga con ellos un buen tiempo más.

 

Finalmente ¿Cómo sientes que ha marcado tu vida ser servidora del altar?

 

Ha sido una  linda experiencia, y me encantaría que todos tuvieran la oportunidad de pertenecer a un grupo así, a mí en particular me ayudó a crecer como persona, desarrollar más personalidad, a aprender como organizar actividades, en fin creo que me fue preparando poco a poco para lo que estoy estudiando y quiero llegar a ser.

 

 

 

 

 

 

Comisión Diocesana - Servidores del Altar - Diócesis de Villarrica

E-mail: servidoresdiocesisdevillarrica@gmail.com Fono: +56988588541